El agua que distribuye EMATSA supera favorablemente los criterios sanitarios establecidos por las autoridades sanitarias competentes así como los establecidos por la Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea, según lo establecido en el Real Decreto 140/2003, de 7 de febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano.

La Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea consideran el agua potable como aquella que una persona puede beber todos los días, durante toda su vida, sin riesgo para su salud. Por ello, el agua potable es el recurso más vigilado del mundo. Cuando llega a los hogares es de absoluta confianza, ya que ha superado rigurosamente todos los controles que marcan las autoridades sanitarias.

¿Quieres conocer la composición de tu agua?
Se puede consultar en todo momento a partir de SINAC – Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo: http://sinac.msc.es/

Sin duda alguna. El agua del grifo es potable, o sea, es agua que pueden ingerir las personas sin riesgo para su salud.

Uso apropiado del agua:
En relación al consumo del agua suministrada cabe la posibilidad de que algunas manipulaciones inapropiadas no intencionadas por parte del usuario puedan provocar un riesgo sanitario indeseado, especialmente cuando el destino del agua sea para uso alimentario o de boca. En este sentido señalamos a continuación una relación de las principales irregularidades que se pueden prever:

  • Que un usuario/consumidor disponga de instalaciones interiores de tratamiento y/o almacenaje sin que éstas se encuentren en condiciones sanitariamente correctas, bien porque no se realicen las tareas de mantenimiento y limpieza de su propiedad o porque se trate de instalaciones o aparatos no homologados o inadecuados. Por ejemplo: depósitos interiores, cisternas, aljibes, descalcificadores, equipos de tratamiento por membranas, filtros de arena o carbón activo, etc.
  • Que el material de las instalaciones interiores pueda provocar una afectación en el agua suministrada, ya sea porque que se producen concentraciones de sustancias nocivas o se modifiquen las características organolépticas o salubridad del agua.
  • Que un usuario/consumidor añada, para la desinfección, lejías u otras sustancias que no cumplan la legislación vigente para estos propósitos.
  • Que un usuario/consumidor utilice inmediatamente el agua de consumo después de ausentarse por un periodo superior a cinco días del domicilio sin que se haya producido la necesaria renovación del agua contenida en los circuitos interiores de la instalación.
  • Que un usuario/consumidor utilice dispositivos domésticos (vasijas, garrafas, botellas, jarras, etc.) para el almacenamiento y posterior consumo del agua sin las debidas precauciones higiénicas o por un tiempo excesivo (no más de 48 horas).

Para fijar la calidad que debe tener el agua del grifo, la Unión Europea, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, determina los límites de presencia de determinados componentes presentes en el agua. Muchos de estos no perjudican el cuerpo humano –algunos, de hecho, son beneficiosos– y otros, sólo si están presentes en grandes cantidades.

Para definir los niveles de potabilidad, los investigadores toman como base el consumo diario de una persona a lo largo de su vida –2 litros diarios durante 70 años– con unos márgenes de seguridad muy elevados.

  • El Ministerio de Sanidad y Consumo, que es quien establece la normativa nacional –basada en la legislación europea– para fijar las concentraciones máximas de las sustancias presentes en el agua.
  • Las autoridades sanitarias de las comunidades autónomas, que vigilan la correcta desinfección del agua y realizan análisis paralelos a los establecidos por las empresas gestoras.
  • EMATSA, que es la responsable de suministrar agua de la calidad definida en la legislación establecida, así como de realizar todos los controles de calidad fijados por la legislación y de informar en caso de detectar cualquier anomalía.
  • Cada consumidor, que tiene la responsabilidad de cuidar del agua potable dentro de su propiedad, efectuando, por ejemplo, un correcto mantenimiento de su instalación interior.

EMATSA realiza análisis en continuo para detectar la presencia de microorganismos y productos químicos indeseables, y para controlar otras características como el olor, el color o el sabor. Así, se analiza la presencia de más de sesenta parámetros de tipo microbiológico y químico, y se controlan otras características como el olor, el color y el sabor.

Realizamos también, en continuo, análisis del cloro residual en el agua de consumo en diferentes puntos de la red de distribución, para garantizar la presencia de una dosis mínima de este desinfectante, como garantía sanitaria adicional.

Al año, EMATSA realiza más de 14.000 determinaciones del agua suministrada.

El agua del grifo es potable y cumple todas las normativas de calidad establecidas por la legislación. Por ello, no es necesario adquirir ningún dispositivo adicional para tratar esta agua. Sí que hay que señalar que si no se eligen adecuadamente estos dispositivos, no se controlan regularmente y no se hace el mantenimiento recomendado, podrían aparecer riesgos para la salud (contaminación por bacterias, desmineralización excesiva del agua, concentraciones elevadas de sodio, etc.).

El agua de consumo humano tiene en su composición sales y sustancias que le dan un sabor y un olor particulares. Por lo tanto, que el agua tenga un determinado gusto y olor no debe considerarse como indicador de agua no potable. De hecho, la mayoría de los componentes que hacen que el agua tenga un aspecto, sabor u olor desagradables no son dañinos para la salud.

No obstante, en el caso en el que, de repente, su agua salga sucia, con un sabor u olor desagradables, le recomendamos que se ponga en contacto con nuestro servicio de atención al cliente.